Recuerdo a mi hija cuando tenía unos pocos años de caminar por esta tierra, en esa ocasión lloraba porque su mamá estaba lejos, tenía asuntos médicos que resolver y mi hija estaba pendiente de que su mamita llegara. Y entre lo que decía, ¿dónde estás, tu mamá?
Cuánto necesitamos saber dónde está o dónde están, aquellos que nos sirve para apoyo moral, para cumplir cierto objetivo y hasta para levantarnos el ánimo cuando más lo necesitamos.
Las palabras «Dónde yo estoy» se refieren a nuestro señor Jesús. Un día de tantos, conversando y viviendo el día con sus amigos, los discípulos le dijeron: “Yo debo irme, pero vendré otra vez y donde yo estoy quiero que ustedes también estén”
Me gusta pensar que no solo fue un momento profético y divino, sino un momento del corazón, de alguien que los conocía y que de verdad quería tenerles cerca para siempre.
¿Te imaginas tú, qué increíble poder estar con Jesús? ¿Conversar y dejar que él nos ame como tanto lo necesitamos?
Vamos, a ver, él murió y resucito, y esa promesa se extendió a todos aquellos que hoy creen él, único, poderoso y compasivo, sobrenatural, pero cercano, perdonador y amable, pero sobre todo, sacrificado, murió por nosotros siendo nosotros culpables, qué amor más grande, verdad?
Te propongo pensar en esto.
¿Es Jesús solamente el refrán de un día o el momento de un pensamiento? ¿Oh, es realmente tu salvador?
¿Vibra tu existencia diaria sabiendo que un día le verás?, o solamente pasan los días y los meses esperanzados de vez en cuando que ojalá todo salga bien cuando ya no estés aquí?
Juan 17:24,26
PabelBG.

